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Por María Piedad López, Ph.D.
Profesora - INALDE Business School


 

imagen1-pensamiento-estrategico-enfocado-en-la-sostenibilidad-articulo-revista-inalde-business-schoolSostenibilidad. Este concepto ha evolucionado para fortuna nuestra, de las generaciones más jóvenes y de las que están por llegar. En décadas pasadas, la sostenibilidad se comprendía exclusivamente desde el enfoque financiero y económico y se aplicaba como un criterio que ayudaba a elegir ciertos proyectos en lugar de otros, para tomar decisiones que estuvieran orientadas al crecimiento económico de las organizaciones.

Hoy, la sostenibilidad es un concepto integral que busca no solo la continuidad económica y financiera, sino también conciliar este desempeño económico con un impacto positivo en lo social, ambiental y humano. Podemos encontrar diferentes definiciones de sostenibilidad: la capacidad de existir a través del tiempo, las características del desarrollo que aseguran las necesidades del presente sin comprometer las necesidades de futuras generaciones o, como lo planteó la ONU desde 1987: “Sostenibilidad es lograr satisfacer las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades”.

Tres argumentos nos llevan a analizar la necesidad de estudiar y acoger este concepto de la sostenibilidad desde una visión integral:

  1. Con el crecimiento económico viene la urbanización. Hace diez años, una de cada tres personas vivía en las ciudades. Para el año 2025 serán 2/3. Se estima que para ese año habrá 30 megaciudades con poblaciones que excederán los 8 millones de habitantes y más de 500 ciudades que excederán el millón de habitantes (Hart, 1996).

  2. La urbanización a esta escala representa retos ambientales y de infraestructura. El gran reto está en desarrollar una economía global sostenible, una economía que nuestro planeta sea capaz de soportar. Por esto, aquellos que aún piensan que la sostenibilidad es solo cuestión de control de la contaminación se están perdiendo de la problemática completa. El llenar nuestras necesidades está destruyendo la posibilidad de que las futuras generaciones llenen las suyas. (Hart, 1997).

  3. Cambios demográficos masivos vs. recursos naturales cada vez más escasos y costosos. El planeta tendrá 3 billones más de personas para 2040 (Werbach, 2009) y los recursos naturales que hoy usamos no son infinitos. Estamos dando por sentado que siempre estarán a nuestra disposición. Las organizaciones deben adaptarse a un mundo en donde estos recursos costarán en un futuro.

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Desde 1987 la ONU ha proporcionado espacios para reflexionar y actuar sobre este tema. Después de 28 años, en 2015, líderes mundiales pertenecientes a los estados miembros de Naciones Unidas trazaron 17 objetivos de desarrollo sostenible, con 169 metas que apuntan a poner fin a la pobreza, proteger nuestro planeta y mejorar las condiciones de vida de las personas en el mundo. Los objetivos van desde la erradicación de la pobreza, la educación de calidad, el trabajo decente y el crecimiento económico, la reducción de las desigualdades, las ciudades y comunidades sostenibles, hasta industria e innovación en infraestructuras.

Esta Agenda para el Desarrollo Sostenible está planteada para 2030. En la resolución aprobada por la Asamblea General el 25 de septiembre de 2015 de Naciones Unidas se escribió “La presente Agenda es un plan de acción en favor de las personas, el planeta y la prosperidad. También tiene por objeto fortalecer la paz universal dentro de un concepto más amplio de la libertad. Este plan será implementado por todos los países y partes interesadas mediante una alianza de colaboración. Estamos resueltos a liberar a la humanidad de la tiranía de la pobreza y
las privaciones y a sanar y proteger nuestro planeta”. (Naciones Unidas, Asamblea General, 2015).

Al leer estas líneas podemos observar que es un plan de acción que requiere habilidades diferentes a las de cincuenta años atrás, cuando el mundo y la gente pensaba y vivía de manera distinta. Ahora, aunque cincuenta años para la humanidad no son nada, para nuestro planeta significa mucho y especialmente para nuestra calidad de vida y la de nuestros hijos y sus hijos. Hoy, para lograr estos 17 objetivos será necesario contar con la participación de todos los actores de la sociedad y todos los stakeholders de la organización; será necesario que los directivos de los sectores público y privado desarrollen habilidades orientadas al balance y conciliación entre el desempeño económico y el bienestar de los demás actores del ecosistema empresarial. Será crucial que los directivos tengan conciencia de que las oportunidades en materia de sostenibilidad pueden generar una mayor fuente de crecimiento.

Dentro del área de la Dirección General, una de las habilidades directivas que mayor impacto generan es el pensamiento estratégico. Por lo tanto, el objetivo de este artículo es invitar a los directivos de diferentes organizaciones a reflexionar sobre cómo el pensamiento estratégico orientado hacia la sostenibilidad se convierte en una ventaja competitiva para sus organizaciones. Pasar de la reflexión a la acción es el reto al que los invito cuando terminen de leer este artículo.

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"Pensamiento estratégico es una habilidad directiva que tiene como objetivo conseguir una ventaja competitiva a largo plazo en cada uno de sus negocios, mediante la respuesta apropiada a las oportunidades y cambios del entorno de la firma y las fortalezas y debilidades de la organización”

¿De qué manera la necesidad por una sostenibilidad cambiará el pensamiento y la acción directiva?

Una ventaja competitiva será duradera y defendible en el tiempo cuanto mayor sea el número de aspectos en que se base y sea más difícil para su competidor copiar la integralidad de la cadena de valor (Porter, 2008). Y es aquí donde el pensamiento estratégico enfocado hacia la sostenibilidad se convierte en una ventaja competitiva para las organizaciones, si sus directivos y colaboradores logran llevar este pensamiento a modelos de negocios sostenibles que generen valor a los stakeholders del ecosistema empresarial, desde cada una de las actividades que integran su cadena de valor.

Una visión para la sostenibilidad requiere reflexionar sobre las competencias estratégicas que necesita una empresa para ser sostenible. Según palabras de Locke, R. (1965) “La mejor forma en que los directivos empiecen a tomar la sostenibilidad en forma seria es pensar en que no solo es un reto que afectará la forma de dirigir una organización, sino también que dará enormes fuentes de ventajas competitivas a los primeros que se posicionen en este tema”.

Estas competencias estratégicas generan resultados que impactan la reputación de las empresas, así como sus prácticas de innovación. Pero para continuar profundizando en el vínculo entre pensamiento estratégico y sostenibilidad orientado a generar una ventaja competitiva, se precisa analizar un poco qué es pensamiento estratégico. 

"Algunos empresarios creen que conceptos como planeación estratégica, pensamiento estratégicos e implementación estratégica son sinónimos” (Mintzberg, 1994). Pensamiento estratégico es una habilidad directiva que tiene como objetivo “conseguir una ventaja competitiva a largo plazo en cada uno de sus negocios, mediante la respuesta apropiada a las oportunidades y cambios del entorno de la firma y las fortalezas y debilidades de la organización” (Hax y Nicolás Majluf, 1984). 

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